Estimados lectores:
A aquel que todavía no sabe quién se esconde tras la silla de san Pedro, le invitamos a reflexionar sobre la fotografía del lado.
Lo demoníaco no sólo se da a conocer en las manifestaciones de fe y en los dogmas, en el culto a ídolos y en los ritos de la Iglesia católica, que en su totalidad están diametralmente opuestos a las enseñanzas de Jesús, el Cristo, sino que además en numerosos símbolos externos. Tales símbolos no son comprendidos por la mayoría de la gente en sus expresiones blasfemas contra Dios, porque muchas personas ingenuas en la actualidad no saben nada de su verdadero significado y de su carácter pagano, y no piensan sobre ello.
Además, del llamado «representante de Dios» o vicario de Cristo, que se presenta como «santo» y «cristiano», ni de sus seguidores, se supone o piensa en la mayoría de los casos que puedan hacer algo verdaderamente malo, a pesar de que los antecedentes de la cruel historia de la Iglesia demuestran algo muy diferente.
Totalmente abierto se muestra el verdadero carácter del titular de la silla de san Pedro y de aquellos que están a su servicio, en la deforme figura con la que han «adornado» la antena de emisión de la Radio vaticana. Se trata de la más horrible representación de Jesús, el Cristo, que uno se puede imaginar. ¿Qué quiere expresar tal vez la silla de san Pedro con ella? ¿No se manifiesta sin disimulo alguno en esta espantosa imagen deformada desprecio, odio, escarnio, burla, ultraje y otras cosas parecidas?
Un cristiano originario formuló lo que sentía de la siguiente manera: «A mi modo de ver, el Vaticano, la silla de san Pedro y sus inspiradores, simbolizan con ello la derrota anticipada de lo divino y el triunfo del anticristo, como si dijeran: Ahora manifestamos a todo el mundo lo que NOSOTROS queremos. Tú, sin embargo, debes callar; tú estás muerto, debes seguir estándolo y no nos debes poner obstáculos, puesto que Nosotros utilizamos tu nombre para engañar a los seres humanos y conducirlos al error. De este modo te convertimos en nuestro servidor. Nosotros somos los señores de este mundo. Nuestra voz, simbolizada por la antena emisora, es la cruz en la que te hemos vuelto a colgar. Y los muchos que creen en Nosotros, que Nos siguen y se Nos subyugan, Nos ayudarán a conseguir el triunfo definitivo».
Estimado lector, deje que la imagen, y lo que ella manifiesta, surta efecto en usted, y sienta usted mismo quién y qué está detrás de ella.
No obstante, por mucho que los idólatras eclesiásticos se esfuercen en esconder ante la humanidad al Dios vivo, cercano y que habla, esto no les resultará. ¡Puesto que Cristo vive! Y Él no calla.
Él, el gran Espíritu eterno del amor y de la paz, está muy cerca de cada persona. Desde que expresó Sus palabras «Todo está consumado» en la cruz, en el Gólgota, está presente como luz y fuerza en lo más profundo del alma de cada persona, y cada uno se puede dirigir en cada momento a Él, sin sacerdotes, dogmas, ritos, ceremonias y cosas parecidas. Cristo ayuda, Él sana y Él conduce a la persona de buena voluntad hacia una vida en el Espíritu de Dios, que otorga plenitud y hace feliz partiendo del interior.
En todos los tiempos se ha manifestado el Espíritu del Cristo de Dios, de acuerdo con Su promesa: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no lo podéis comprender. Pero cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad». (Jn 16, 12) En este tiempo ha hablado y sigue hablando el Espíritu del Cristo de Dios a través de Su profeta, Gabriele; Él da indicaciones y enseñanzas detalladas sobre todos los aspectos de la vida humana, y además aclaración sobre las grandes relaciones del cosmos material y el de materia sutil. Puesto que Dios es amor absoluto, libertad y unidad, y por ello a Sus hijos ni los castiga ni los obliga a algo, cada persona es también libre de acoger Su palabra divina para el tiempo actual, o no. Quien lo desee, puede solicitar más información.
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